Archivos para noviembre, 2013

Esta semana tenía pensado hablar de cómo la demagogia está a la orden del día. No hay frase dicha por un político que no contenga falacias, argumentos simplistas o intentos de desacreditar al otro partido. ME PONEN ENFERMO. Pero algo ha llamado mi atención esta semana y siento que debo hablar de ello. La demagogia, como realidad eterna e inherente a este sistema, seguirá existiendo la semana que viene.

Al grano. En las últimas semanas se está produciendo un hecho curioso. Y es que, por arte de magia, los cines están bajando sus precios. De esta manera, podemos ver películas por 3 euros. Parece que alguien está empezando a tener visión en este país. Salas vacías, copias de películas que no se rentabilizan…Es evidente que había que hacer algo.

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A mí me parece que están haciendo pruebas. Sólo el tiempo dirá cómo acaba esto. Pero el mes pasado tuvimos el primer experimento. La conocida Fiesta del cine trajo consigo largas colas en las salas de proyecciones y el colapso de la web que se habilitó para la causa. Resultados: éxito rotundo.

No obstante, no ha sido la primera edición de esta fiesta del cine. Ha sido la quinta, sino me equivoco. La novedad ha sido la posibilidad de descargarse una acreditación que te permitía ver todas las películas que quisieras por 2’90 euros durante tres días.

¿Por qué? Muy sencillo. Pusieron en marcha semanas antes una brillante campaña de marketing online mediante redes sociales y la citada web (ahora mismo carece de contenido). Es la prueba de que con planificación, anticipación y una buena difusión las cosas salen bien. No así la fiesta del cine de esta semana. Este segundo intento, que corresponde más bien a una guerra de precios, se ha hecho deprisa y corriendo. No planificación, no anticipación. Éxito menor.

Aún así, las cifras para mí no son tan deprimentes. Según esta pesimista noticia , sólo se han recaudado 300 euros menos con respecto a la primera fiesta del cine. Vaya dramón eh. Pero lo que ha pasado aquí es que una mala organización ha causado que esta segunda iniciativa haya triunfado sólo parcialmente. Que prueben con una mejor preparación y verán mejores resultados. También podrían incluso-si no lo hacen ya-pensar en algún programa de fidelización de clientes para impedir que huyan. Esta semana dos exhibidores (Cinesa y Cines ABC) ofrecían precios atractivos. Competencia. Vamos bien.

Y es que señores, lo he dicho antes, parece que está comenzando una guerra de precios en este sector y el único beneficiado, si se confirma esa lucha por el espectador, va a ser éste mismo. ¡¡¡POR FIN!!! Lo dicho, parece que la sensatez empieza a instalarse en la cabecita de los que manejan todo este tinglao.

I have an idea @ home

Fotografía original de Julián Santacruz

Siempre se ha dicho. El cliente siempre tiene la razón. El comprador (en este caso el espectador) es rey y soberano. Si tú pones tu producto a 6, 7 8 e incluso a 9 euros (precios abusivos todos) y tu potencial cliente no lo quiere comprar…te jodes y bailas. O te adaptas, ya que es él el que manda. El cliente manda. Y no tener en cuenta esa antigua pero tan aparentemente ignorada premisa, es de no tener visión empresarial. O de algo peor que no escribiré aquí.

Esto me lleva también a la piratería. Si tu trabajo es pirateado…es porque algo estás haciendo mal. Seguramente, poner a tu trabajo un precio abusivo. El cliente manda. La piratería es mala, perjudica a mucha gente. Estoy de acuerdo. Yo mismo consumiría más productos culturales si fueran más baratos.

¿Quieres combatir la piratería? Perfecto. Baja los precios. Ahorra costes en producción, se más competitivo. Qué sé yo. Innova, joder. Hay grandes posibilidades hoy en día para reducir costes. Sólo debes ser creativo. Puedes pensar en algún proyecto de Crowdfunding, o que tu trabajo sólo esté en formato digital para ahorrarte costes de impresión, distribución,…

Y aquí la humilde opinión de un servidor que, en las dos fiestas del cine que ha habido hasta el momento, ha tenido que hacer desesperantes colas para sacar entradas. Antes de ayer, de hecho, quería ver Capitán Phillips y empezó mientras estábamos en la cola…Los centros comerciales estaban llenos y los locales de restauración, también. No sólo ganan los cines, por lo tanto. El centro comercial en sí sale ganando porque se estimula el consumo (“ya que estamos, nos hacemos unos montaditos no”?).

Reflexionen señores. Aquí el que no rentabiliza su negocio es porque no atiende a las señales que el mundo le manda. Renovarse o morir. Ésa es la cuestión.

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No soy el único, pero creo que lo que más y mejor define a una persona es lo que hace en su tiempo libre. O para ser más preciso, las distintas cosas que le ilusionan, le motivan. O las que llaman su atención en su ocio, sus contrastes y el tiempo que le dedica a cada una de esas cosas. Para conocer de verdad a una persona, pienso que aquí es dónde deberíamos llegar. Porque nosotros nos expresamos y mostramos al mundo lo que somos a través de lo que hacemos en nuestro tiempo “libre”. Las comillas, para otro post.

¿Pero qué es el tiempo libre? En el cursillo de monitor de ocio y tiempo libre que me he sacado este verano, una de las definiciones que viene en la teoría sostiene que es esto:

“tiempo que queda después del mantenimiento justo de las necesidades vitales”

No me acaba de convencer. ¿Es trabajar una necesidad vital? Sí, se supone que necesitamos trabajar para ganar dinero y poder vivir. Pero vital no es, se puede vivir sin trabajar. Hay determinados “bultos sociales” que lo que hacen no encaja con mi definición de trabajar. Pero ya me meteré en bosques otro día, una definición que me gustó más fue ésta:

“conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse de manera

completamente voluntaria, sea para descansar, sea para divertirse, sea para desarrollar su

información o su formación desinteresada, su participación social voluntaria, tras haberse

liberado de sus ocupaciones profesionales, familiares y sociales”.

Ésta sí, señores. Esto es tiempo libre para mí. En condiciones ideales, uno puede dedicar su tiempo libre a hacer lo que quiera.Y aquí entran las aspiraciones y ambiciones personales de cada persona, sus valores, su forma de ver el mundo y, en algunos pocos, las ganas de cambiarlo. Y aún en menos gente, las ganas de mejorarlo.

Creo que vivimos en una sociedad TREMENDAMENTE EGOÍSTA. Sólo importa el yo, el generar riqueza, el conseguir lo que me propongo…También tengo que reconocer que la situación económica no está para grandes demostraciones de solidaridad. Pero qué cojones. Si en tu proceso de crecimiento personal -o económico- puedes ayudar o contribuir en algo, por poco que sea,  para que a los demás les vaya mejor, ¿ por qué no hacerlo?

Billetes con macro

Fotografía original de Manuel Delgado Tenorio

En Programación Neurolingüística (PNL a partir de ahora) se habla de marcarse objetivos ecológicos. Son los objetivos que deberíamos marcarnos todos, puesto que según esta disciplina son los que nos permiten alcanzar lo que queremos al mismo tiempo que ayudamos al prójimo o mejoramos nuestro entorno. No es incompatible, ¿verdad? Es mi creencia y con ella voy a empezar a caminar hacia mi desarrollo personal. A ver dónde acabo.

Siempre va a haber gente que te diga que esas cosas son utopías, o son un imposible. Lo serán para ellos, porque no ellos no pueden o no quieren que tú puedas, que creas que puedes. Cuestión de intereses.

Y en ésas estoy, inmerso en dos voluntariados: uno de carácter lúdico y deportivo y otro a nivel cultural en la Universidad de Alicante. Y me está gustando. Más bien aprovechado no puede estar el “tiempo libre” que me da no tener trabajo ni posibilidad de encontrarlo, teniendo en cuenta además que llevo 2 meses yendo al gimnasio.

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Es domingo y estoy muy aburrido en mi casa. Así que aquí estoy otra vez con mis ralladas mentales. Quería hablar hoy sobre el hecho de pensar. Voy a dejar clara una cosa: no me paso las 24 horas del día pensando en temas trascendentales. Es que creo que eso es lo que se ha entendido tras el primer post. El cerebro necesita desconectar, quiere sus ratos de standby. Pienso mucho, sí. Un ejemplo, cada 3 o 4 horas me entra hambre. Lo que significa que pienso en comida unas 5 o 6 veces al día. Lo que demuestra, por extensión, que también pienso en gilipolleces.

Soy un chaval normal, que juega a la Play, ve pelis y consume series. Eso sí, no cualquier tipo de pelis y series. Soy muy exigente con los productos culturales que consumo, no me trago cualquier cosa. Me tiene que aportar algo, ya sea evasión (lo que llamo “sana evasión”, no de ésa que proporciona la tele-basura) o nuevos puntos de vista. Pero otro día me meteré con eso y con lo que es para mí la tele-basura.

También leo, pero volvemos a lo mismo. No leo cualquier cosa. El último libro que me he leído es La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Es tan brillante, complejo e inspirador que tendré que volver a leerlo dentro de poco. Ahora estoy con Edgar Allan Poe y una selección de sus cuentos que me ha dejado una amiga.

Retrato de Edgar Allan Poe

Me desvío del tema. Es lo que tiene ponerse aquí a vomitar. Quería decir que tampoco es sano estar todo el día pensando. Es cómo estar todo el día trabajando, al final dejas de ser productivo. Mentalmente productivo. Debe haber un equilibrio, y lo más importante para mí, ese descanso mental no debería hacer del individuo un títere o un ser superficial. Puedes pasarte 2 horas jugando a la Play una mañana y luego ponerte a leer a Allan Poe. Se trata de compensar. Es lo que he hecho hoy, por cierto. Mi cerebro en modo desconexión.

En el siguiente post os hablaré del tiempo libre. Tenía pensado ligarlo con éste pero no me gustan los textos-ladrillo. Considerad esta entrada una introducción.

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Hace ya unos años (unos siete…¡madre mía cómo pasa el tiempo!) que mi profesor de Filosofía, Jesús, me habló por primera vez de un tal Platón. Antes habíamos escuchado o leído su nombre en algún lado…pero no supe hasta 2º de bachillerato que su verdadero nombre era Aristocles Podros y que le llamaban Platón porque tenía la espalda muy ancha. Cosa de los omóplatos, supongo.

El caso es que había también escuchado algo de una tal caverna, en la que según Jesús (mi profesor, no el hijo de Dios) había prisioneros atados y mirando a una pared. Una pared en la que había unas sombras que era todo lo que estos esclavos veían.

Cuando yo me paraba a pensar en qué deberían haber hecho para estar encadenados dentro de una cueva, mi profesor seguía con lo importante: estos prisioneros, que estaban en la parte más baja de la caverna, lo único que conocían de la realidad era la pared de la cueva y sus sombras danzantes merced a algún supuesto fuego que había en otro punto de la caverna.

Bueno,el resto ya lo conocéis todos. Esos hombres nacieron ya siendo esclavos y los pusieron en esa parte de la caverna. La caverna es el mundo de los objetos, las sombras de la pared son las sombras de esos objetos y etc etc etc.

Y claro, yo con 18 años era muy ignorante y no me interesaba para nada hacerme preguntas. La filosofía me gustaba pero lo que no me entusiasmaba era dedicar una parte de mi tiempo a pensar. No podía imaginar que nosotros, hoy en día y desde hace muchos años, también estamos prisioneros en una caverna. Y sí, desde que nacemos estamos condenados a permanecer en ella el resto de nuestro vida, aparentemente.

Pero yo seguía en mi burbuja, llena de goles en el último minuto y de capitanes levantando importantes trofeos europeos. Pan y circo. Yo es que siempre he sido un poco lento, vago y pasaba olímpicamente de eso de “tener espíritu crítico”.

Ahora he cambiado, el fútbol ha pasado a un plano secundario y tengo preocupaciones verdaderas (encontrar un puto trabajo relacionado con mis estudios). He cumplido 25 años, he estudiado Publicidad y Relaciones Públicas y tengo un poco más de conocimiento sobre lo que son las cosas- aunque aún me queda mucho por aprender.

Cómo por ejemplo, habría dado muchísimo por aprender antes que nuestra Caverna de Platón contemporánea son los medios de comunicación, la televisión, Internet. Desde que nacemos llegamos a un mundo lleno de cámaras, micrófonos y con abundantes premios millonarios por completar un rosco de definiciones. Ah, me olvidaba de los Hashtags, que están muy de moda.

A lo que iba. La televisión es la verdadera Caverna de Platón. La televisión parece un elemento invencible hoy en día. Sigue año tras año haciéndonos ver sombras, ocultándonos la realidad. Promoviendo la estupidez, la huida al pensamiento, a la reflexión. O bueno, igual estoy siendo muy radical (o quizá no), pero si promueve la “pasividad“. No sólo me refiero a los realities, a los concursos o a Hombres y Mujeres, los telediarios tampoco me parecen de fiar. Desconfío plenamente porque hay informaciones que conviene hacer públicas. Otras, no tanto. Y ya no hablemos de lo sesgadas que están esas informaciones. Pero eso ya me da para otro artículo.

Seguro que muchos de vosotros habréis llegado a esta conclusión mucho antes que yo.Ya lo he dicho. Nunca he sido de pararme a pensar, siempre he sido muy cortito para todo esto. Pero si alguien ha conseguido, en parte, salir de su “Caverna individual”, esta reflexión interna en voz alta habrá servido de algo.

Sólo me queda pedir perdón si este texto tiene alguna incoherencia o algún dato equivocado. Lo he escrito en 10 minutos por culpa de un arrebato de “estar hasta los cojones” de esta sociedad capitalista, superficial y exhibicionista.

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