Mi diálogo interno

Publicado: 1 febrero, 2014 de Fran Molina en El publicista desencantado
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No os voy a engañar. Esta semana ha sido un poco complicada y no he tenido tiempo para preparar un post ni elaborar ningún tema. Lo admito. Por cierto, si no leíste mi anterior post sobre lo nuevo de Google, lo puedes hacer aquí. Al lío, esta vez os traigo una reflexión que me surgió ayer mientras conducía. En cierto modo, no se va a alejar de lo que viene a ser la comunicación, que es el tema central de este blog.

Estaba yendo a la universidad para mi acto de graduación. Me puse a pensar en todos los pasos que he ido dando hasta ahora, que soy licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas. Y no ha sido coser y cantar. A pesar de que es una carrera relativamente fácil -o menos complicada que por ejemplo, la Ingeniería Industrial de mi colaborador Jorge. Ah, y de fácil nada. Quien ha estudiado Publicidad o tiene la suerte de trabajar en esto lo sabe.

El caso es que durante mi larga etapa en el instituto he tenido varios momentos difíciles. Estaba muy descentrado. No tenía mis prioridades nada claras y todo me daba igual. Además, personalmente no pasaba por un buen momento. Mis pensamientos eran muy caóticos y catastrofistas. Llegué a creer que no valía para nada y que no sería nadie en mi vida.

No me hablaba bien a mí mismo. No tenía proyectos ni ambiciones. Sólo me interesaba jugar a la Play. Y claro, en 4º de ESO repetí. Pero por alguna extraña razón comprendí que actualmente no se puede ir por la calle sin el graduado escolar. Pasé un verano puteado pero conseguí recuperar las tres asignaturas que me quedaron para septiembre: castellano, matemáticas y física y química. Aún hoy creo que aprobar las dos últimas fue un milagro…Sin la ayuda de mis dos profesores particulares no lo habría conseguido.

1º de bachillerato se me dio bien. Aquí de momento no merece la pena detenerse. Quizá para otro post. Aprobé todas y fui de cabeza a mi segundo choque emocional, académico y personal: 2º de bachillerato (primer intento).

Es otro mundo. El caso es que no pude con todo y volví a tropezar con la misma piedra. Se me acumulaban los problemas otra vez. Estaba pasota y un poco desafiante. Todo me sobrepasaba, e incluso me peleé verbalmente varias veces con mi profesor de valenciano. En una de ellas me salí en mitad de la clase por no seguir escuchándole. Qué paciencia tuvo conmigo. Estoy muy arrepentido y avergonzado de esa parte de mi pasado.

Resumiendo, volví a repetir (segundo intento). Esto significó un nuevo comienzo y una nueva oportunidad para hacer mejor las cosas. Al principio me supuso un trauma. Los viejos pensamientos de que yo no servía para nada volvían a mi mente. Repetir por segunda vez me parecía una señal evidente. Pero esta vez se me estaba dando mejor. Quizá la experiencia de ya haber pasado por esto me dio una especie de “superpoderes” que el año pasado no tenía. Cuando antes me estrellaba, ahora por arte de magia conseguía mantenerme dentro de la carretera.

Empecé a comprender que cada fallo es algo valiosísimo. Sin los errores, no aprenderíamos y no mejoraríamos. Son necesarios. Uno debe fallar, debe equivocarse. Y quitarle importancia. O darle la justa y necesaria para seguir adelante. Nuestras equivocaciones determinan lo que somos ahora en base a nuestras experiencias. Configuran nuestra forma de ser, nuestra personalidad y nuestra realidad.

Ese año, el anterior a entrar en la uni, fue el peor de mi vida. Personal y emocionalmente estaba bien, pero académicamente fue durísimo. Más incluso que los años que pasaría después en la carrera. Aquí me di cuenta de que debía cambiar mi diálogo interno.

Y desde ese momento hasta ahora, he tenido la suficiente paz mental como para emprender mi última aventura: la universidad. Nadie daba un duro por mí, aunque ni yo mismo lo hacía al principio. Conseguí callar bocas críticas. Quizá las bocas que habían metido en mi cabecita eso de que no valía para nada. No creo que hablaran desde la envidia cómo se suele decir. No había motivos para envidiarme, sólo era un universitario. Hablaban para joder y hacer daño. Sinceramente, y estáis en vuestro derecho de creerme o no, últimamente he notado que ciertas personas me respetan más.

Por otro lado, aún me siguen diciendo de vez en cuando que soy un inútil porque tengo una carrera y estoy sin trabajo. Pero ese es otro tema. Yo debo poner de mi parte para mejorar mi empleabilidad, pero “otros” deben tomar cartas en el asunto para cambiar el estado actual de las cosas. Si no, nuestros esfuerzos no servirán para nada. 

En definitiva, ya no me importa lo que piense la gente. Ahora ya sé quién soy, sé lo que puedo hacer y lo que aún no. Me quedan cosas por aprender. Pero ahora mismo me da igual lo que me digan cuatro bocazas ignorantes que desconocen la situación actual de muchísima gente como yo. La ignorancia es muy atrevida.

No me van a alejar de mi objetivo. El crecimiento constante. Siendo fiel a mis principios. Y este blog quiero que sea un reflejo de todo esto.

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