El dinero es sinónimo de tristeza

Publicado: 7 febrero, 2014 de Fran Molina en El publicista desencantado
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Seguro que este título te ha chocado. Incluso te puede parecer una locura. Vale, pues déjate de prejuicios por el momento y disponte a leer. Si después de haberlo hecho no estás de acuerdo con lo que digo, es tu decisión y la voy a respetar…hasta cierto punto.

Y es que, en mi opinión, es importante pararse a pensar en el rumbo que llevamos. Mira a tu alrededor por unos segundos y dime lo que ves. Seguramente veas las 3 “pes”: progreso, prosperidad y propensión a consumir. Nos han educado desde pequeños en la cultura del consumo. La única manera de alcanzar la satisfacción y quizá, la realización personal, es a través de él (luego volveré a esto). Estamos expuestos a un gran bombardeo mediático cuyo único fin es promoverlo y aumentarlo. Y fijaos hasta que punto llega esto que en una asignatura de la carrera nos pusieron una práctica que consistía básicamente en esto:

Debes relanzar una marca y tienes dos opciones. La primera es conseguir que más clientes compren tu producto. La segunda, que tus clientes actuales compren más tu producto, aumentando los momentos en los que lo consume

Con dos cojones. Cómo veis, se trata del consumo por el consumo. Así, gratuitamente. Y ésta es una práctica muy habitual. Hay ejemplos casi a diario en la televisión. Seguro que si te pones a pensar se te ocurre alguno.

Antes he hecho mención a las “3P’s”. Una es la propensión a consumir, ya ha quedado claro. ¿Pero las otras? ¿Prosperidad? ¿Progreso? ¿Quién progresa? ¿Y a costa de qué o quién? Estas preguntas creo que se contestan solas. Sois gente inteligente, así que seguiré con mi argumentación.

En la sociedad de consumo solo eres un numero

Fotografía original de Sergio Cerón

Estaba hablando de consumir. ¿De verdad es necesario promover el consumo-y los beneficios- hasta el infinito y más allá? ¿Para qué? ¿Para acumular billetes debajo del colchón? Todos queremos vivir bien y para eso se necesita dinero. Pero no nos confundamos. Cuánto más tenemos…más insatisfechos nos sentimos. Más “necesidades” vamos a querer satisfacer y más frustrados nos vamos a sentir. Por cierto, todo necesidades falsas, creadas artificialmente por un sistema que nace con el objetivo de sacarnos el dinero del bolsillo. Sin ningún sentido ni motivo razonable. Sólo vender por vender. Todo el mundo tiene derecho a cobrar por sus productos o servicios, pero hemos llegado demasiado lejos.

Señores, el dinero no lo es todo. Y Master Card, tampoco. Pero esto no lo estoy diciendo (solo) yo, sino que está reflejado por un riguroso estudio que te recomiendo consultar. Cuanto más dinero tenemos, a más cosas queremos aspirar. Es algo que no tiene fin. ¿Cuánto daño espiritual provoca el capitalismo verdad? Se llama vacío existencial.

Toda esto lo llevo pensando desde hace muchos años, pero ha adquirido más sentido hace unas semanas a raíz de leerme La Economía del Bien Común de Christian Felber. A los hiperultraconvencidos del capitalismo, les voy a decir que medir las cosas (él éxito empresarial, de ciertas políticas o decisiones) sólo en base al dinero y a la rentabilidad económica es un GRAN ERROR.

Señores amigos del capitalismo,  no es mi intención cuestionar la importancia de obtener rentabilidad económica, pero hay formas y formas. Hay otros criterios o indicadores para medir el éxito. El modelo económico que tanto defienden es tan ineficiente como el comunismo. Perdón, es DEMASIADO eficiente para unos y MUY POCO para otros. Que es peor aún. Por lo tanto, si unos van montados en el dólar pero otros tienen que cobrar 2 euros al día es que el sistema económico vigente no funciona. Es de cajón. Que a ti te vaya de puta madre no quiere decir que esto sea lo mejor.

El capitalismo quiere esclavos sonrientes

Fotografía original de gaelx

Reducirlo todo al dinero es caer en el más común y socialmente validado de los simplismos. Es un sinsentido, y más teniendo en cuenta lo mal que usamos el dinero los seres humanos.

Siempre se dice que los extremos son malos. Pues bien, el comunismo es un extremo. Y el capitalismo es otro, el opuesto. Y cómo dice Aristóteles, la virtud está en el centro. Respecto al comunismo, se le tachó de tener muy buenas ideas al principio pero se torció porque la codicia de los hombres al mando provocó la acumulación por parte del estado de la riqueza económica y material (propiedades, inmuebles, fábricas…TODO). Vale, hasta ahí estamos de acuerdo.

¿Pero qué está pasando en la actualidad? ¿No sucede prácticamente lo mismo con las grandes empresarios y grandes bancos? ¿No pasa que los más ricos del mundo acumulan, acumulan y acumulan mientras los más pobres no tienen donde vivir o qué comer? ¿No es, en esencia, lo mismo? Son unos pocos concentrando el poder y las propiedades de manera TIRÁNICA, EGOÍSTA e INSOLIDARIA. Exactamente igual que en el comunismo, solo que cambian los “acaparadores”. El mismo perro con distinto collar. Lo vemos por ejemplo en este país con los bancos. Son los culpables de la crisis, y en lugar de mandar a los banqueros a la cárcel cómo en Islandia, les damos un empujoncito para que sigan echando a la gente de sus casas. Impunemente.

 

¿Qué es lo único que cambia? Que el dinero manda. Es la dictadura monetaria. Desde las instituciones nacionales y europeas se consiente todo esto para que la economía vaya bien. Pues a estas instituciones les digo yo que es necesario un ligero cambio de enfoque. Pasar de un modelo capitalista que está agotado y ya es inadecuado a un capitalismo más sostenible y solidario. Y seguirá siendo capitalismo, así que todos contentos.

¿Por qué está agotado el capitalismo? Toda esta situación es culpa de su enfoque, del afán de crear nuevas necesidades superfluas que en lugar de enriquecer el espíritu, lo devoran. Es verdad que el capitalismo ha hecho mucho bien ayudando a la gente a cubrir sus necesidades básicas. Al César lo que es del César. Pero solo parcialmente, porque mientras los pueblos occidentales veían satisfechas sus necesidades básicas y se ponían a consumir para satisfacer unas necesidades falsas (creadas por la publicidad), ¿qué ha pasado con los países orientales? Pues que se han estado muriendo de hambre. ¿No es una contradicción? La alimentación es una necesidad básica insatisfecha, como otras tantas.

¿No habíamos quedado en que el capitalismo ayudaba a cubrir las necesidades vitales de la gente? ¿Entonces por qué la gente se está muriendo de hambre en otros sitios? Igual es que satisfacerlas no da dinero. No es rentable darle a ciertas personas lo que les hace falta para vivir. Igual que tampoco es rentable proporcionarle unas condiciones de trabajo dignas. Y digo yo…¿dónde ha quedado nuestra humanidad?

Resumiendo: medir el éxito sólo con criterios económicos o monetarios es una gilipollez. Cómo dice Christian Felber en su libro, ¿informa el PIB sobre la discriminación de las mujeres en el ámbito laboral? ¿Informa el PIB sobre los casos de delincuencia, asesinatos o pobreza entre los ciudadanos de a pie? ¿E informa sobre si un estado destruye empleo o si cuida el medioambiente? ¿Y sobre la desigualdad en los salarios o en el reparto de la riqueza? ¿O sobre el bienestar? No, no lo hace. Entonces, es evidente que hay que cambiar el enfoque de muchos aspectos. Hay que cambiar las reglas del juego. Eso sí, sin olvidar tampoco la economía. A ésta hay que darle justo la importancia que tiene. Ni más, ni menos.

Por ello, hay que buscar un término medio entre una adecuada gestión del capital y unos valores éticos, sostenibles y beneficiosos PARA TODOS. No para unos cuantos cómo ahora. No es incompatible. Y los que aseguran que lo es, igual es que están interesados en mantener intacta la estructura de poder que tanto…”éxito” superfluo les ha dado.

Por último decir que si te ha gustado el post, puedes compartirlo con los botones sociales que hay aquí bajo! En próximas semanas seguiré adentrándome en estos temas y explicaré por ejemplo cómo afecta todo esto a la publicidad y a la comunicación. Y si has llegado hasta aquí bajo, debo felicitarte porque has aguantando el tirón! 😉

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Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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