Archivos de la categoría ‘Los ingenieros también van de cañas’

Así es, es más, me atrevería decir que una parte no despreciable de las grandes ideas y reflexiones que surgen en nuestro país se han gestado de cañas en algún bar. Muchas de esas ideas se quedan, sin embargo, en el mismo lugar donde nacieron, en ese ambiente ruidoso y ameno que es el bar español.

Para intentar rescatar y sacar a la luz esas ocurrencias que tenemos aquí mi anfitrión  y yo, surge mi sección ( fruto, como no, de una noche de cañas). Quiero desmitificar el papel de la Ciencia y la Ingeniería en nuestra sociedad, y mostrar cómo son una mera herramienta humana para abordar los problemas que se nos plantean en nuestro día a día y no una ciencia oculta sólo al alcance de unos pocos (y a este paso de unos pocos ricos).

” Ser un buen ingeniero consiste en hacer las mayores chapuzas sin que los otros ingenieros lo noten”

Entrando en materia, hace unas cuantas semanas, en nuestro habitual sábado de cerveceo, le contaba a Fran y a otro colega una curiosidad matemática:

 Imaginad que un día os llega un whatsapp de un número desconocido que os dice que esa semana ganará el Elche (por decir un equipo). Efectivamente esa semana gana y pensáis “Bueno, ha sido simplemente suerte, hay 50% de probabilidades de acertar”. La segunda semana os vuelve a llegar el mensaje con otra predicción del resultado del Elche y vuelve a cumplirse. Puede haber sido coincidencia también aunque la probabilidad es menor, sigue sin ser despreciable. La tercera, cuarta y quinta semana os llega la predicción y todas aciertan… ¡Vaya! No parece tanta coincidencia, quizás el oráculo prediga los resultados de verdad y sea interesante apostar para sacar un dinerillo. Pero a la semana siguiente, muy a nuestro pesar, nos llega un mensaje diciendo que si queremos más predicciones debemos pagar 50€ en cierta dirección. Podéis ganar más con las apuestas, pero…¿Estaríais dispuestos a pagar?

Estoy seguro de que la mayoría de los lectores por prudencia habéis pensado que NO. Pero, a parte de nuestro sentido común que nos dice que hay gato encerrado, existe una razón matemática por la que debemos rechazar la oferta:

Escoge 32 personas, a la mitad diles que el equipo va a perder (0) y a la otra mitad que va a ganar (1), acertarás en 16 casos y fallarás en otros tantos. La semana siguiente, envía a la mitad de los 8 restantes un mensaje de victoria y a los otros uno de derrota… Transcurridas las cinco semanas, habrá un sujeto para el cual has acertado todas las predicciones.

Ya tenemos a nuestro ganador!!

Esto es un caso muy extremista de cómo, aun creyendo tener la cantidad suficiente de información ( ¡jdoer! hemos esperado más de un mes para comprobar la hipótesis de que existe un adivino futbolero), podemos llegar a una conclusión incorrecta. Hemos sido víctimas del “Sesgo muestral” (Sampling bias).

Pero el sesgo muestral NO es una clase de timo, aunque suponga una poderosa herramienta para los timadores. Consiste en seleccionar preferentemente cierta información para luego sacar conclusiones. Aunque hayamos usado una gran cantidad de datos, estos no representan toda la realidad y por tanto nuestra conclusión sólo será válida para la realidad sesgada que hemos construido. Aunque esto parezca de Perogrullo, es facilísimo caer en esta trampa.

El caso más famoso de sesgo y sus catastróficas consecuencias se dio en 1948, cuando el diario Chicago Tribune hizo una encuesta telefónica la noche de las elecciones presidenciales para publicar antes que sus competidores el resultado de éstas. Esta consulta dio una abrumadora victoria del candidato Thomas E. Dewey y, de perdidos al río, el Tribune lo publicó… Los resultados oficiales arrojaron una clara victoria de Truman para deshonra del periódico.

Fotografía original de UPI/Corbis-Bettman) El presidente Truman se jacta del famoso titular

Puedes ver la fotografía en la web del Chicago Tribune

Resulta que en aquella época el teléfono era un aparato muy caro y sólo los adinerados se podían permitir tener uno. Por tanto, la muestra que tomó el diario de Chicago no era representativa del verdadero electorado. Aunque la encuesta se hubiera efectuado con 10 veces más muestras el resultado hubiera variado poco ya que el problema no residía en la cantidad sino en la representatividad.

Este efecto se puede dar en cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana que requiera que saquemos una conclusión y tomemos una decisión en base a ellos. Toda vuestra familia os dirá que sois muy guapos, todos vuestros colegas estarán de acuerdo en que esa chica o chico te hace ojitos… La mejor forma de llegar a conclusiones que no acaben en fracaso es asegurarse de que tu muestra no sea demasiado buena (si es muy buena, mal tema).

Una buena forma de no caer en sesgos es informarse por canales con preferencias diferentes a las nuestras. En ese aspecto yo estoy satisfecho con tener al Publicista Desencantado como amigo. Nuestras visiones diferentes de la vida se complementan bastante bien y nos llevan a muchas reflexiones interesantes en nuestro bar de confianza, pero eso… ya es otra historia.

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