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Últimamente he tenido muy poco tiempo y muchas preocupaciones laborales como para ponerme a escribir. Y las sigo teniendo. Pero estos días está pasando algo que me ha despertado una reflexión y creo que vale dedicarle unos minutos.

Se trata del Ice Bucket Challenge. Esta es una iniciativa impulsada por varias asociaciones dedicadas a luchar contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica. El caso es que muchos famosillos y algunos famosuchos se han dedicado a tirarse por encima un cubo de agua helado. Y yo, que odio tanto las modas virales, como ya sabéis, enseguida me puse a criticar en Facebook el nuevo estúpido fenómeno viral.

Pero resulta que aquí metí la pata, porque detrás de eso había mucho más. Cada persona que se grabara tirándose un cubo de agua helada tenía que donar X cantidad de dinero a la causa. Y claro, no podía ser cualquiera quien saliera haciendo eso. Tenía que ser alguien con tirón para darle alas al asunto.

Enseguida empezaron a salir famosos mojándose supuestamente por la ELA. Y digo supuestamente, porque desde las asociaciones españolas se asegura que no están llegando apenas donaciones. Cosa rara, cuando los vídeos de nuestras celebridades tiritando de frío inundan la red. Y no solo nuestras estrellas, también a nivel internacional.

 

¿Qué ha pasado aquí? Pues que, como pasa siempre, los famosos pasan a ser meros portadores de mensajes. Prescriptores. Sirven como foco mediático de lo que se quiere destacar, pero el caso del Ice Bucket Challenge pone de relieve que no se suelen implicar realmente en las causas benéficas que dicen apoyar. Esto nos debe hacer desconfiar, pues muchos solo buscan ponerse una medallita. Como Apple, que dice ser una empresa sostenible pero sus productos “que ya no sirven” acaban en vertederos tecnólogicos africanos.

Esto del Ice Bucket Challenge se ha convertido en un jueguecito. O en una estrategia de marca personal, incluso. Marketing puro y duro para que percibamos una imagen simpática y cercana de esta gente. Los famosillos se nominan unos a otros como si fuera un entretenimiento y nosotros como espectadores vemos los vídeos para ver como “sufren” nuestros ídolos. Y de la ELA, nos olvidamos.

¿Por qué ha fracasado esta campaña, a pesar de haberse convertido en el nuevo fenómeno viral del momento? En mi opinión, lo que ha pasado es que esta iniciativa se ha vampirizado. Es decir, es inicialmente una idea tan buena eso de hacer que famosos de manera solidaria se tiren agua helada y cubitos por encima que ha eclipsado al importante mensaje  y a la “marca” que hay detrás, haciéndola invisible: la ELA es una enfermedad devastadora que no tiene cura y deja a los que la padecen en una situación muy delicada. Por decirlo de una forma. Pero claro, de la ELA…nos hemos olvidado. 

PD: ¿Por qué se tiran agua helada por encima? ¿Qué relación tiene con la enfermedad? No tiene sentido.

PD2: Por suerte, estoy inmerso en un proyecto profesional y no tengo mucho tiempo para dedicar a este blog. Lo haré de manera esporádica, como un hobby. O como hoy…cuando algo me invite a reflexionar y escribir.

En los últimos tiempos una alarmante estupidez se ha extendido como una pandemia a erradicar con urgencia. Es la moda de los Selfies. O lo que es lo mismo, los autorretratos de toda la vida. Lo que pasa es que ahora a algún listillo se le ocurrió ponerle el nombre en inglés, porque todos sabemos que es un idioma más molón, válido y que está un escalón por encima del castellano/español.  Intrínsecamente, ninguna lengua es mejor ni peor que otra. Pero ése es otro tema.

El caso es que me pone enfermo ver como mucha gente se ha subido al carro de esta estúpida moda. Pero tengo que ser sincero, yo mismo he sido víctima de los Selfies porque a mis amigos les ha molado el rollo. Y ése es el motivo por el que me tenéis aquí escribiendo sobre esto.

No sé exactamente cuando empezó a darse este fatal fenómeno y ni me interesa. Pero estarás de acuerdo conmigo en que el detonante quizá haya sido el famoso Selfie en la gala de los Oscars.

Ellen Oscar Selfie: The most retweeted tweet!

“Selfie” estelar en la gala de los Oscars 2014. Fotografía de Adam Rifkin

Es lo típico. Es suficiente con que alguna estrellita salga haciendo algo para que se convierta en norma. O en estupidez socializada. Los Selfies son el nuevo fenómeno viral. El nuevo meme, porque ya es reconocible la postura que se pone al posar. Sabemos cuando estamos delante de un Selfie y cuando no.

Ahora todo el mundo se hace un Selfie (o varios) y tiene el generoso detalle de compartirlo con todos nosotros. Solo, en grupo, en primer plano, tomando café en el Starbucks, enfrente de un espejo (el clásico de las chonis)…Hay tanta saturación de este tipo de fotos que ya me empiezan a sangrar los ojos y siento el deseo de que se rompan los móviles de toda esta gente.

Obama tiene su Selfie. La familia real griega tiene su Selfie. Hasta el papa Francisco lo tiene. Por cierto, haz clic aquí para leer mi anterior post. Hablo sobre él, haciendo una breve reflexión sobre la supuesta modernidad de la Iglesia y sus nuevos mensajes.

Volvamos al tema. Dejad de saturar al mundo con vuestros estúpidos Selfies. O por lo menos, dejad de saturarme a mí. Si sois de los que petáis vuestras redes sociales de fotos de este tipo, os invito a que me borréis. Os lo agradeceré. Aunque pensándolo bien, no hace falta que lo hagáis. Porque hay algo que me tranquiliza.

Y es que, como todo fenómeno viral, los Selfies disfrutan de su momento de gloria. Pero todo esto acabará. Es lo que pasa con los fenómenos virales. Son flor de un día, de un mes o de una temporadita. ¿O es que aún recuerdas a diario el Amo a Laura o el Gagnam Style? ¿A que ya no tienes noticias de Psy? Pues eso.

¿Qué ha sido de Psy?

La vida seguirá,  nadie se acordará de esto y se os curará la estupidez. Y todos podremos ser felices como éramos antes de que todo este caos se desatara. Y digo caos, sí. Porque cuando un estudiante causa desperfectos en una escultura de un museo, es fácil comprender que se ha llegado demasiado lejos. La estupidez ha alcanzado cotas inimaginables. Parece que haya que competir para hacerse el Selfie más vistoso, legendario o mítico. Y si para eso hay que romper una obra de arte, pues se rompe. Por favor, YA BASTA.

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Ayer Desigual la volvió a liar. Anoche, justo después de ver el spot en un intermedio de Invictus, lo tuiteé.

A modo de curiosidad, Desigual España marcó ese tuit mio como favorito. Que ilusos… Pero no fui el único que se metió a darle caña al pajarito azul, sino que todo Twitter echaba humo. Había comentarios de todo tipo, la mayoría eran de rollo “estamos locos o qué?” Pero señores, Desigual lo ha vuelto a conseguir. Ha vuelto a dar que hablar.

Y es que a Desigual le da igual (tatatachán :P) que a nosotros no nos guste ese anuncio. O que lo consideremos feminista, o una ofensa o una guarrada o lo que cada uno pueda pensar. A mí simplemente no me gusta. Pero, ¿por qué a Desigual no le importa todo esto?

Hay una premisa básica para nuestra existencia: no puedes gustar a todo el mundo. Y hay una premisa básica en publicidad: No debes gustar a todos, necesariamente. Si tratas de complacer a todo el mundo y te olvidas de ser tú mismo…nadie te va a querer. Pues en esas está Desigual, que ha hecho algo muy bien. Desigual sabe que hay danzando por ahí un nuevo tipo de mujer que reúne las siguientes cualidades: inteligente, decidida, con confianza en ella misma y en sus posibilidades. Una mujer que coge el toro por los cuernos. Vamos, que ha visto una oportunidad de segmentar un poco el mercado a su favor y cual lince ibérico la ha aprovechado.

Eso es lo que hay detrás de esta campaña. Así que personalmente creo que deberíamos dejar de escandalizarnos porque la publicidad es un reflejo de la sociedad actual, o al menos de parte de ella. Del mismo modo, seguro que hay algún anuncio en el que se representen familias monoparentales o cuyos protagonistas sean padres solteros. O cómo éste, que refleja una familia moderna y liberal. Me encanta este spot, por cierto.

Vale vale, ¿pero por qué Desigual sigue haciendo anuncios cómo éste? “Si son un canteo, son muy descarados e incluso pueden ofender a algunas personas”. Creo que se puede deducir fácilmente. Simplemente por que la fórmula le ha funcionado. El experimento le salió bien el año pasado con aquél Tengo un plan y ya se sabe…¿para qué tocar lo que funciona?

Para terminar, sólo quiero decir que no estoy defendiendo esta campaña. De hecho, no me gusta. Pero es que no es a mí al que tiene que gustar, ni a muchos de vosotros. No somos el target de Desigual, así que no les importa que critiquemos el anuncio. Al contrario, buscan dar que hablar para ser virales y así poder llegar a sus potenciales clientes. Y lo están consiguiendo, porque mientras escribo estas líneas los usuarios de Twitter siguen generando conversación sobre el spot.

¿Qué pensáis vosotros? Me gustaría conocer vuestra opinión!

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